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Trasplante renal

Es el acto quirúrgico en el que se implanta un riñón sano (conocido como injerto renal) en un paciente que padece insuficiencia renal crónica avanzada, propiciando la recuperación de gran parte de las funciones renales. Es el tratamiento ideal de los pacientes con diálisis (también puede efectuarse en aquellos que se encuentran a un paso de requerirla). El origen del riñón sano puede ser de un donante vivo (cuando el nexo donante-donador es familiar, por ejemplo madre-hijo, es conocido con el nombre de “trasplante de donador vivo relacionado”, si dicho nexo es no familiar se denomina “trasplante de donador emocionalmente realacionado”), o bien, de un donante finado (“trasplante de donador cadavérico”). Para llevar a cabo el trasplante renal es necesario completar un protocolo estricto, de una manera coordinada, rápida y eficiente por un nefrólogo especializado. Este protocolo involucra otros especialistas.

En la búsqueda de un potencial donador se prefiere una persona mayor de 20 años y menor de 65, de cualquier género, con ausencia de diabetes, hipertensión arterial, obesidad u otras enfermedades. Su función renal deberá ser normal. Será preciso la compatibilidad del grupo sanguíneo entre el donante-donador. Una vez encontrado el potencial donante, será forzoso conocer si el receptor cuenta o no con anticuerpos dirigidos hacia las moléculas de reconocimiento celular del donante mediante las llamadas “pruebas cruzadas”. El estudio es realizado con muestras de sangre del donante y el receptor. En caso de existir estos anticuerpos, la prueba será “positiva”. Esto implica que si se llevara a cabo el trasplante en esta condición, cuando las células del riñón sano fueran contactadas por los anticuerpos del receptor, el injerto sería destruido de inmediato. Por lo tanto, unas “pruebas cruzadas positivas” obligan la búsqueda de un nuevo donante. En cambio, si las pruebas cruzadas son “negativas”, el protocolo prosigue con una serie de estudios (por ejemplo determinar el grado de compatibilidad entre donante-receptor) con la finalidad de garantizar el éxito del trasplante.

Una vez llevado a cabo el acto quirúrgico, el receptor de un injerto renal requerirá de un seguimiento estrecho y continuo por el nefrólogo. Será necesaria la utilización de medicamentos especiales, denominados “inmunosupresores”, que tienen el propósito de garantizar la sobrevida del injerto. Estos medicamentos modifican la respuesta inmune, por lo que deben de indicarse por un nefrólogo experto.